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jueves, 9 de febrero de 2012

Senda Costera: Valdredo - Cadavedo (Tramo XIV)






Distancia: 25,00 km
Desnivel acumulado de subida: 820 m
Dificultad: Media
Duración: 7:30 horas


La costa a esa altura del litoral asturiano presenta, nuevamente, serias dificultades para aquellos que, como nosotros, pretendan ir pegados al mar en lo posible. La hidro-orografía del terreno, con sus múltiples ríos y regatos a salvar y la inexistente conservación de gran parte de las sendas y caminos antiguos, impide el normal discurrir cerca del agua. Si bien en ocasiones pudimos aproximarnos hasta casi pisar playa, en otros casos el hacerlo rayaba en la imprudencia. ¿Desmereció esta circunstancia la excursión? Ni mucho menos. Es difícil que alguna ruta de las múltiples posibilidades de elección de que disponemos en nuestra región no merezca un aprobado alto.

Al poco de iniciar la andadura en Valdredo nos asomábamos al extremo occidental de la playa de Las Vallinas o del Gallo desde donde se observa al otro lado el Cabo Vidio.

Bajamos a El Carreiro que con la marea profundamente baja permitía que asomara en su plenitud toda la roca de su playa.  Multitud de mariscadores faenaban al oricio sin presagiar que arriba, en la Llosa de Burón, donde habían dejado sus coches, alguien, la autoridad competente, les esperaba con el talonario y el calibre.

Acometemos la subida que nos lleva a la rasa camino de Albuerne, para allí coincidir con la Ruta de Santiago en algún momento, salir a la carretera N-632 en el km. 136, y llegar a Novellana, Premio Príncipe de Asturias al pueblo ejemplar en el año 1992 (compartido con Soto de Luiña).

En Novellana, frente al bar, tomamos una estrecha carretera que finaliza en Las Matas (Casa del Médico), para continuar en bajada por una senda que nos deja sobre la playa del Riego, un bonito lugar con sus horadadas y llamativas rocas. A continuación cruzamos un prado, atravesado por un regato.

Al fin llegamos al que para una gran mayoría podría considerarse como el punto estrella de nuestra excursión: la playa del Silencio o del Gaviero, paraje de no fácil acceso con vehículo, medio escondida y rodeada de altos acantilados. El suave murmullo del roce de las pequeñas piedras movidas con el ir y venir de las olas son el único sonido perceptible. Al menos a la hora y fecha en las que nos hallábamos allí. La visita era de rigor ya que puede considerarse como uno de los valores de nuestra naturaleza asturiana.

Después tomamos una pista primero de tierra, subiendo, y luego de asfalto, y ya llaneando alcanzamos el pueblo de Castañeras.

A la altura de las primeras casas de Castañeras optamos por tomar el Camino de Santiago que, después de atravesar el río Cándano, nos dejaría a las puertas de Santa Marina. La atravesamos, y al final del pueblo, junto a una gasolinera abandonada, nos desviamos a la derecha saliéndonos de la carretera y coincidiendo nuevamente con el marcado Camino de Santiago.

Llegados a Ballota, decidimos la parada de avituallamiento.

Reanudada la marcha, caminamos bajando por la carretera unos trescientos metros hasta encontrar una senda a la derecha de cómodo piso que nos introduce en una frondosa arboleda hasta la playa de Ballota: de piedra y sin atractivo. Un pequeño riachuelo, Río Cabo, desemboca en mitad de ella formando una pequeña laguna y filtrando sus aguas entre los regodones. Nos hallamos en el límite del concejo de Cudillero con Valdés.

Paseada la playa de un lado al otro, subimos por el acantilado opuesto, siempre hacia el oeste.

Un camino nos lleva hasta el apeadero de Feve de Tablizo para poco después comenzar el descenso entre pinos hacia su amplia playa. Sorteamos un nuevo arroyo, el Vabliz, e iniciamos la subida hacia el pueblo de Ribón, donde nos advierten de la posibilidad de bajar, pasando una “fana”, a su playa, denominada de Ribón o de los Cuervos, e incluso en marea baja la viabilidad de alcanzar la playa de Cadavedo, cruzando las rocas que las separan, con el ahorro de kilómetros consiguiente. Sin saber si nos encontrábamos en bajamar nos encaminamos hacia allí por una senda que por momentos se hacía incómoda; era tan pendiente y resbaladiza que nos hizo ir con suma cautela. Pasadas las dificultades y una vez en la playa pudimos comprobar que las rocas y el islote Los Cuervos nos impedían el paso. Nos quedan serias dudas de que salvo en mareas muy extremas sea posible el tránsito hacia la de Cadavedo.

Regresamos a Ribón de nuevo para salir a la carretera (N-632) y después de una pronunciada curva, en el km. 151.5, aprovechamos una pista a la derecha que no abandonaríamos hasta llegar a la playa de Cadavedo, justo a un lado de su área recreativa. Previamente, alcanzado el arroyo Ribón por su margen izquierda, pudimos observar un viejo molino por el que seguramente hubiéramos podido atajar cruzando el riachuelo que tanto quebranto y rodeo nos había promovido.

Subimos a la Ermita de la Regalina. Otra visita obligada del recorrido de hoy, atalaya del Cantábrico donde las haya. Y después de disfrutar de sus panorámicas tomamos el camino llamado del Padre Galo, promotor de la ermita, para, llegados a la plaza de Campo Miares dar por concluida nuestra excursión del día.


Playa de Vallinas, al fondo el Cabo Vidio.

Detrás, Albuerne.


Faenando el oricio en la playa El Carreiro

El Carreiro

Albuerne

Bajo vía de Feve

Playa del Riego
Playa del Silencio




Iglesia de Santiago de Novellana



Ballota

Playa de Ballota




Aproximación a la playa de Cadavedo


Intentamos pasar por las rocas


Molino en la margen derecha del arroyo Ribón

Arriba, la atalaya de la Regalina


Acceso a la playa de Cadavedo

Cadavedo con su viaducto

Infructuoso intento de tránsito entre las playas de Ribón a Cadavedo por esas rocas

Vista al E desde la Regalina

Playa de Cadavedo

Ermita de la Regalina, con Cadavedo al fondo

Vista al W




Variante


Aun cuando todas las informaciones recogidas y testimonios de los lugareños nos aconsejaban no bajar a la playa de Salencia desde Albuerne, dos del grupo decidimos intentarlo.
En La Llosa tomamos, con dirección NO, un camino que se dirige hacia una solitaria casa; al poco, transformado en senda, aparece sobre la playa de Gancedo, hasta que llega un momento en que la espesura del matorral nos impide el paso. Retrocediendo unos metros nos internamos en un pequeño bosque de eucaliptos por una marcada senda sobre el helecho que, en bajada, nos conduce a la margen derecha de un arroyo, salvando algún que otro árbol caído y montones de maleza, así hasta casi su desembocadura en el río Llendebarcas. Aquí el terreno se vuelve llano, pero de difícil caminar por la cantidad de helecho seco y caído. 
Sobre el mismo río Llendebarcas encontramos una enorme dificultad para bajar a su cauce a causa del profundo corte existente. Nos fuimos arrimando hacia la costa en la creencia de que podría resultar más asequible, pero no fue así. Retrocediendo nuevamente y, casi enfrente del inicio de la EDAR, nos dejamos literalmente caer a la orilla, y andando por ella unos metros, encontramos una "cómoda" salida que nos dejó justamente a la entrada de la citada depuradora. Observamos la playa de Salencia y nos dirigimos hacia Novellana por una empinada pista hormigonada pasando por el mirador del Fuexu, donde damos vista a la playa del mismo nombre. Ya en Novellana nos unimos al resto del grupo.
Es poco aconsejable utilizar esta alternativa ya que los últimos doscientos metros y el paso del río son prácticamente "insalvables" y es una pena, ya que un poco de limpieza y la instalación de un puente o pasarela sobre el Lindebarcas, haría de este pequeño tramo un espacio más de gran atractivo costero.

La solitaria casa

La playa de Ganceo

Al fondo la pista de bajada a Salencia desde Novellana

El eucaliptal que atravesamos como mejor solución encontrada

Un tramo del camino junto al arroyo

Vista de la EDAR desde Rabillín

Desembocadura del río Lindebarcas

Nuestra zona de paso en el río Lindebarcas

La EDAR de Novellana en Salencia

Cascada de Lindebarcas

La playa de Salencia

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