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martes, 27 de mayo de 2014

Foces del Raigosu (P.R.-AS 290), Pico Gargallones y Alto de La Pandiella



La ruta P.R-AS 290: Les Foces del Raigosu, es una opción montañera que presenta unas características óptimas para el feliz desarrollo de una jornada de excursión completa por la geografía central de nuestra región.
Se trata de un paisaje protegido de las cuencas mineras que siguiendo el curso del río Raigosu, nos va introduciendo en un ambiente singular desde el punto de vista del entorno y su fauna y flora.
Poco después de Pola de Laviana, entre Puente de Arco y Llera de Lorío, salimos a la LV-5 por Ribota en dirección al pueblo de Acebal. A dos kilómetros de éste y a unos quinientos metros antes de Fombermeja, hay una pista a la derecha en un ensanche de la carretera que nos sirvió de aparcamiento durante unas horas.
Convenientemente pertrechados para una caminata sin enclaves intermedios de avituallamiento, comenzamos a caminar hacia el sur por una pista apta para vehículos todoterreno, que hasta Cebellades, pasadas “Las Foces del Raigosu”, apenas mostró desnivel apreciable.
Caminamos a la vera del Río Raigosu que entre grandes pedruscos baja con mayor o menor violencia en función de las caídas del lugar. Aparte de su belleza natural y del entorno, cabría destacar la tonalidad rojiza que adquiere el agua en alguna poza por mor de la componente férrica del terreno de la zona.
A su vez, el paisaje se torna cada vez más agreste por su aspecto de roquedo calizo, su superficie vasta de vegetación de matorral bajo: piornal y brezo y su escasa componente arbórea, si bien nos encontramos con algún bosquecillo de haya, roble, fresno, acebo y avellano. Alguna zona de piso húmedo nos permitió apreciar huellas de lobo, jabalí y venado.
Pasados el cruce con la pista que conduce al pueblecito de Los Tornos que veníamos divisando a lo alto por la derecha, la estrechura de las propias Foces que dan nombre a la ruta, y Cobellayo –Cebellales en algún mapa-, previo a un pronunciado giro al E del camino, nos detenemos en una encrucijada: hacia la izquierda discurre la senda oficial, aunque la de la derecha nos serviría para conectar a la bajada, en el retorno. Llevamos una hora de cómodo paseo y nos encontramos en un lugar que por la zona se denomina El Vallu. Aquí entroncan el Arroyo del Gatu con el Río Raigosu.
A partir de este momento las pendientes se hacen notar cada vez con mayor fuerza aliviadas en alguna medida por lo pronunciado del zigzagueo que adquiere el camino en un tramo que nosotros definimos como "Revueltas".
En uno de esos giros de 180º, de norte a sur, pasadas las cuidadas casas de Raigosu, decidimos continuar de frente en busca del Pico Gargallones (1.071 m.) Realmente se encontraba muy cerca y en diez minutos nos fotografiábamos en su cima.
Volviendo a la senda nuevamente subimos La Carba de Los Collaos, para llegar a las cabañas de Los Collaos y su campera, donde una fuente, un abrevadero y un mirador, todo hacia arriba, destacan sobre el verde tapiz del suelo. Merece la pena acercarse al mirador, porque un pupitre con la fotografía y descripción (también en braille) de las montañas del horizonte norte resulta muy ilustrativo.
Tras un breve respiro continuamos nuestro caminar al sur como si de subir al Pico La Forcada (1.556 m.) se tratara. La pendiente es muy fuerte. Sin embargo, lo más habitual para acometer La Forcada viene a ser desde Pelúgano.
Al tener alguna incertidumbre sobre los tiempos y la dificultad del retorno, ya desde la propia base de la Forcada desistimos, y tornando a la derecha por prados y bosques nos acercamos al Alto de la Pandiella. Justo de frente Peñas Negras (1.382 m.) y Peña Mea (1.558 m.).
Dejando atrás el Alto de la Pandiella donde unas cabañas derruidas nos dieron cobijo para el tentempié, las cosas cambian a peor en términos de dificultad. Con la vista en la Collada Pandiella primero, y colladas siguientes después, vamos cruzando piornales y claros, cimeras y horcados, buscando en todo momento senderos de animales que nos faciliten el paso. El camino es escabroso y los desniveles imponen respeto. Las Colladas de Sograrde hasta la Piedriquina nos obligan a subir y bajar cresteando sin cesar en dirección norte.
Una cabaña semiderruida nos sorprende dando color a un paisaje de ensueño. Nos encontramos en un sitio conocido por “El Pico”. De ahí descenderíamos por un muy empinado, estrecho y tapado camino: “La Carba del Pico”, en compañía de un pastor que sin duda nos transmitía seguridad.
Una vez abordada en El Vallu la senda oficial de ida en la mañana, el retorno hasta el coche consistiría sólo en caminar plácidamente.
En definitiva una bonita ruta que nosotros, para el retorno, hemos reformado, ampliado y endurecido, con el objeto de buscar la circular en la medida de lo posible. Aunque a veces como hoy las modificaciones e improntas salgan algo carillas.





Distancia: 17 km
Desnivel acumulado de subida: 1.050 m
Dificultad: Media
Duración: 7 h 30 m





Arrancamos

Pueblo de Los Tornos, bajo el Pico La Felguerina (Con zoom)

Desvío al pueblo Los Tornos  -que no tomamos-


Río Reigosu

Con parajes de ensueño

Y el original tono cobrizo de sus aguas



La foz que da nombre a la ruta

Casas del Raigosu



Pico Corbellosu





En la cima del Pico Gargallones

El bastón pincha el Gargallones y nos señala Peñamayor en el horizonte




Llegamos a Los Collaos

La Campera de Los Collaos



Vista de La Campera y Peña Mayor al norte





Seguimos al sur

Subiendo muy pendiente en dirección a La Forcada

Vista al oeste


Camino del Alto de la Pandiella con Peñas Negras y Peña Mea enfrente


Avanzamos al norte


A veces los piornos nos cubren


Un rincón de cuento de hadas

Buscamos paso entre el brezo


Por fin salimos a la pista por El Vallu



"Se encontraban ya en plena montaña. Delante, la gran Peña Mea, que parecía echárseles encima; detrás, verdes praderas en declive, torrentes espumosos, gargantas estrechas, sombra, frescura, gratos olores, un silencio augusto y solemne que solo interrumpían de cuando en cuando las esquilas del ganado o el lejano chirrido de alguna carreta. La brisa, cargada de aromas, templaba el rigor de los rayos solares. Repartidos por los montes, en las mesetas y hondonadas, algunos caseríos rodeados de castaños y nogales".

La Aldea Perdida (Armando Palacio Valdés)

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